PROFANACIÓN A LA LITERATURA


Que somos humanos, en cierta medida, me consta; y digo esto porque es algo de lo que comienzo a dudara o tal vez debería decir que es algo de lo que nunca he estado segura.

Quizá mi problema radique en que no consigo adivinar si esta peculiar palabra designa lo que mis ojos ven como contrario.


Y quedando mi duda aún sin resolver (y me da que por mucho tiempo), diré que mi controversia no es otra más que la indignación que siento al descubrir que el ingenio que el hombre posee pueda ser sustituido de una forma tan ridícula por un aparato que carece de comprensión, de sentimientos, de vida…

Explíquenme, si no, el hecho de que un arte como el de crear literatura haya sido traspasado del hombre a un simple ordenador. Por si no están enterados, les diré que, gracias a un programa que acaba de ver la luz, escribir un libro es tan fácil como irse al ordenador, introducir los personajes que quieres que aparezcan en su novela y él solito le escribirá una historia de las mil combinaciones que detenta.

Tal profanación de la literatura no debería ser permitida jamás.

Desde que el tiempo es tiempo, el hombre ha expresado aquellos sentimientos que le acontecen a lo largo de la vida a través de la literatura.

Que me quieren decir, ¿que ya  los sentimientos no cuentan para nada? ¿Y que aquellos miedos, vivencias, etc., que coexisten con el hombre van a ser sustituidos por puros procesos informáticos?


Si tenemos en cuenta que al fin y al cabo la literatura no es más que el reflejo de la vida misma, tendré que asumir que la vida que nos espera a partir de ahora será la semejante a la de un ordenador.

No malinterpreten mis palabras, pero esperaba que, por lo menos, si alguna vez debíamos de ser reemplazados del “privilegiado ” puesto que ocupamos en el rango de la vida, no fuese por nuestros propios medios y de una forma tan estúpida.


Fdo. Remedios Arregui.                                                              Málaga, noviembre del 2000.

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